Me preparo para emprender un viaje hacia un lugar lejano de donde vivo. Un sitio fotográficamente hermoso; despierta en mi interior, deseo y necesidad de acudir a él para constatar —personalmente— su belleza natural.
Me preparo para emprender un viaje hacia un lugar lejano de donde vivo. Un sitio fotográficamente hermoso; despierta en mi interior, deseo y necesidad de acudir a él para constatar —personalmente— su belleza natural.
El territorio que lo conforma posee las dunas más blancas y suaves del planeta, cubierto por un bosque de árboles kauris, frondosos e ingentes apuntan hacia el cielo azul profundo. Destacan la diversidad de palmas, eucaliptos aromatizan el lugar, diversos arbustos y helechos prehistóricos, una vegetación peculiar y única en el mundo pues crece en suelo de arena.
Cerca de 100 lagos conforman el paisaje de este majestuoso paraíso, semejante a un cuento de hadas o diseñado en la imaginación de un guionista de ciencia ficción cuya historia pretende salvar a la humanidad de un planeta destruido por su egoísmo e inconsciencia y como premio por su travesía espacial de cientos de años, aterriza en este fastuoso lugar.
Pero no es así. Aquí, en la Tierra se desarrolla este sublime lugar. Catalogado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad desde 1992, con un ecosistema endeble y en peligro de perderse, autoridades y turistas se comprometen en el cuidado y preservación de este edén.
El Lago Mackenzie, el más extenso y profundo de la zona; de los más pulcros e impecables de la tierra. Poca vida crece en este paraje acuático por falta de bacterias portadoras de proteínas y otros nutrientes. El agua es de una claridad inmaculada pues logras ver el fondo del lago. Me imagino un paisaje de nitidez absoluta, transparencia en el aire, en el suelo, en el agua.
Un lugar envuelto de historia y muerte. Hace 300 años encalló en la barrera de coral, un barco británico Comandado por el capitán James Fraser y su esposa Elizabeth. Descendieron en Wady Point, en busca de agua dulce y fueron capturados por los aborígenes del lugar. Varios meses fueron sometidos y obligados a trabajar. El capitán James Fraser murió en el sitio, por razones poco conocidas. La Sra. Elizabeth Fraser y los sobrevivientes de la tripulación fueron rescatados por otra embarcación.
Trato de imaginarme el infierno que vivió Elizabeth Fraser tras la muerte dolorosa de su esposo y su captura, sin manera de comunicarse con los moradores y considerados por ellos como invasores y hostiles tuvieron que doblegarse y sobrevivir.
Gracias a las narraciones extraordinarias de Elizabeth se ha llamado a este edén “La Isla Fraser” paraíso australiano rodeado de misteriosas historias salvajes que incluyen canibalismo y muerte de turistas. En el 2009 un pequeño de 5 años falleció en las garras de varios dingos, perros salvajes que habitan en el bosque y que salen al encuentro de las personas. Un lugar histórico, de belleza inigualable, de majestuosa vegetación, patrimonio de la vida y misterioso.
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